Un hombre que había estudiado en muchas escuelas de metafísica se presentó ante Nasrudín. Describió en detalle en cuáles había estado y qué había estudiado, para demostrar que merecía ser aceptado como discípulo.
— Espero que me acepte o, al menos, que me exponga sus ideas –dijo—, puesto que he empleado tanto tiempo estudiando en esas escuelas.
— !Que lástima! —exclamó Nasrudín—. Usted ha estudiado a los maestros y sus enseñanzas. Lo que tendría que haber sucedido es que los maestros y las enseñanzas lo estudiaran a usted. Entonces sí habríamos tenido algo interesante.
Cuento de la tradición sufí.
lunes, 22 de marzo de 2010
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