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lunes, 20 de agosto de 2012

¿Está mi mente tan limpia?


Buda tenía un discípulo llamado Suddhipanthaka, al que todos conocían con el sobrenombre de “Pequeño Camino”. Era el estudiante más lento del maestro. Todos, excepto él, podían recordar sus enseñanzas. Pero si éste trataba de memorizar la primera palabra de un sutra, se le olvidaba la segunda y viceversa. El Buda le dio entonces el trabajo de limpiar los zapatos de otros discípulos, puesto que no parecía apto para hacer otra cosa.
 Después de haber limpiado zapatos por un tiempo bastante largo, “Pequeño camino” se preguntó a sí mismo: “Todos los zapatos están limpios, pero ¿está mi mente tan limpia?”.  En ese momento, su mente se liberó por completo. 

Cuento de la tradición budista zen.

domingo, 19 de agosto de 2012

El colgante


Después de muchos años de desilusiones con el judaísmo, el cristianismo, el islam y la religión tolteca, un occidental fue a Japón y logró ser admitido como discípulo en un monasterio zen.
Diez años después, preguntó a uno de sus camaradas, el cual había ingresado más o menos en la misma época que él:
—Dime, ¿por qué a ti te pusieron ese colgante en la oreja y a mí no? ¿Acaso se debe a que tú eres japonés y yo soy occidental?
El otro, por toda respuesta, se sacó el colgante, que pendía de su oreja derecha, y se lo colgó en la izquierda.

Cuento de la tradición budista zen.

domingo, 14 de agosto de 2011

“Usted es un buda”

Antaño, los monjes budistas eran vegetarianos, castos, no bebían sake y permanecían solteros.

El abad del monasterio de Eihei, Hara Tazan, que anteriormente había sido profesor en la universidad de Tokio, se tomaba estas restricciones a la ligera.

Cierto día, un hombre rico lo invitó a comer a su casa junto con un maestro de moral, Honshorishi. Una servidora trajo sake. El maestro de moral reusó la bebida, pero el maestro Hara bebió y apreció su calidad:
—¡Está muy bueno! Los que no pueden beber esto, no son hombres.

Honshorisi se encolerizó:
—¿Pretende usted decir que yo no soy un hombre?
—No, usted es un buda —contestó Hara.

Todos los presentes se rieron mucho con esta respuesta, incluso el maestro de moral, desarmado por la sabiduría de Hara.

Cuento de la tradición budista.

miércoles, 10 de agosto de 2011

La apariencia del maestro

Alguien vino a visitar por primera vez al maestro Joshu. Apenas entró, vio, al fondo del jardín, a un magnifico anciano en profunda meditación. Le pregunto al jardinero, que estaba muy cerca, si ese anciano era Joshu. Y el jardinero le respondió:
—No, en absoluto. Joshu soy yo. Él es mi mejor discípulo.

Cuento de la tradición budista zen.

viernes, 5 de agosto de 2011

La verdadera esencia de la lucha

Se cuenta que Takuan, un célebre maestro zen, le enseñó al shogun Miyamoto Musashi la verdadera esencia de la lucha.

Una vez, el noble invitó a Takuan y a un maestro del sable muy renombrado a que fueran a su palacio. Un tigre, regalo del rey de Corea, esperaba en su jaula.

El shogun les dijo:
—Tenéis que entrar en la jaula del tigre.

El maestro de esgrima entró con su arma y se aproximó al felino que, amedrentado por su digna postura, se refugió en un rincón.

Luego el noble, dirigiéndose a Takuan, le dijo:
—Ahora, entra tú.

El maestro zen entró en la jaula del tigre se acercó a él y se puso a jugar, a rascarle las orejas y a acariciarlo.

Cuento de la tradición budista zen.

jueves, 4 de agosto de 2011

La anciana y los demonios

Una anciana visitó a un maestro zen para solicitarle un amuleto que la protegiese de los demonios. El maestro le dio una bolsita con un papel caligrafiado en su interior.

Después de un tiempo, curiosa por conocer el contenido de la inscripción, abrió la bolsita y leyó: “Cuando tenemos ilusiones, los tres mundos se convierten en un campo de batalla, en una lucha”.

Cuento de la tradición budista zen.

jueves, 14 de julio de 2011

El mordisco de un tigre

Cierta vez, el maestro Pai-chang le preguntó a su discípulo, Huang-po, dónde había estado. Este repuso que había estado juntando hongos al pie de un monte. Pai-chang inquirió:
—¿Has visto un tigre?

Al punto, Huang-po rugió como un tigre. Pai-chang tomó un hacha y la levantó, como disponiéndose a golpear al tigre con ella. Entonces, el discípulo le asestó un sonoro bofetón. El maestro se echó a reír a carcajadas.

De regreso al monasterio, Pai-chan les dijo a los monjes reunidos:
—Al pie del monte hay un tigre. Debéis tener cuidado: hoy me ha dado un mordisco.

Se dice que, con esas palabras, Pai-chang confirmó a Huang-po como su sucesor.

Cuento de la tradición budista zen.

domingo, 3 de julio de 2011

Perder la cabeza

Una noche, una mujer tuvo un intenso sueño de gran realismo, tan claro que pensó que estaba despierta. Soñó que perdía la cabeza. Literalmente, soñó que su cabeza se caía de sus hombros.

A la mañana siguiente, se despertó y se puso a buscar como loca su cabeza. Buscó por todas partes y no consiguió encontrarla. Sus gritos desesperados no sirvieron para nada.

Por fin, acudió a un maestro y le preguntó dónde podía encontrar su cabeza. El maestro se limitó a sostener un espejo ante ella para que pudiera contemplarse. Y la mujer se dio cuenta de que la había llevado en su sitio todo el rato, que sólo la había perdido en sueños.

Cuento del budismo tibetano.

viernes, 24 de junio de 2011

Las tres preguntas

El discípulo se dirigió al maestro para tener un encuentro espiritual. Antes de comenzar, el maestro lo previno:
—Solo te contestaré tres preguntas. Piénsalas muy bien

Tras unos instantes de reflexión, el discípulo preguntó:
—¿Cuál es la verdad más profunda?

El maestro repuso:
—Un árbol en el jardín.

Entonces el discípulo preguntó:
—¿Qué es la iluminación?

El maestro respondió:
— Un árbol en el jardín.

Consternado, el discípulo preguntó:
— ¿Qué es la sabiduría?

El maestro contestó:
—Un árbol en el jardín

Cuento de la tradición budista zen.

lunes, 13 de junio de 2011

La roca

Un discípulo le preguntó a su maestro:
—¿Cómo puedo convertirme en el más grande guerrero?
—Sube a esa colina e insulta a la roca que se encuentra en lo alto.
—Pero, ¿y si ella no reacciona?
—Entonces, golpéala con tu espada.
—¡Pero mi espada se romperá!
—Entonces, atácala con tus propias manos.
—De ese modo, solo lograré que me duelan las manos... Y eso no es lo que pedí. Lo que quiero saber es cómo convertirme en el mayor de los guerreros.
—El más grande de los guerreros es como la roca. No se preocupa por los insultos o provocaciones, pero siempre está dispuesto a deshacerse de cualquier ataque del enemigo

Cuento de la tradición budista zen.

lunes, 30 de mayo de 2011

La apuesta del viejo guerrero

El señor Naoshige le dijo un día a Shoun, uno de sus más antiguos samuráis:
—La fuerza y el vigor del joven Katsuchige son admirables para su edad. Cuando lucha con sus compañeros, vence incluso a los mayores que él.
—A pesar de que ya no soy joven estoy dispuesto a apostar que no conseguirá vencerme —afirmó el anciano Shoun.

Para Naoshige fue un placer organizar el encuentro que tuvo lugar esa
misma noche en el patio del castillo, en medio de un gran número de
samuráis. Estos estaban impacientes por ver lo que le iba a suceder al
viejo Shoun.

Desde el comienzo, el joven y poderoso Katsushige se precipitó sobre su frágil adversario. Shoun estuvo a punto de caer varias veces. Sin embargo, ante la sorpresa general, cada vez se restableció en el último momento. El joven, exasperado, intentó derribarlo poniendo toda su fuerza en el empeño, pero Shoun aprovechó hábilmente su movimiento y fue él quien lo desequilibró, arrojándolo al suelo.

Después de ayudar a su adversario, todavía atontado, a levantarse, Shoun se acercó al señor Naoshige y le dijo:
—Sentirse orgulloso de su fuerza cuando aún no se domina la fogosidad es como vanagloriarse públicamente de los propios defectos.

Cuento de la tradición budista.

lunes, 16 de mayo de 2011

Diálogo zen

Cierta vez le preguntaron al maestro Nan-in qué era el Buda y respondió:
—Espera a que haya uno y te lo diré.

Ante semejantes palabras, el monje que había hecho la pregunta dijo:
—Si es así como afirmas, no hay nada de Buda en ti.
—En eso tienes razón —replicó Nan-in.
—¿En qué tengo razón, maestro?
—Estamos en el día treinta de este mes —fue la respuesta.

Cuento de la tradición budista zen.

viernes, 13 de mayo de 2011

Sin palabras

Un discípulo le pidió a su maestro:
—Muéstrame el camino sin emplear palabras.
—Pídemelo sin usarlas —fue la respuesta.

Cuento de la tradición budista zen.

sábado, 7 de mayo de 2011

Técnica

Cierto joven que había estudiado Zen con Bankei decidió probar la templanza de su maestro atacándolo repentinamente con su lanza mientras estaba sentado.

Sin inmutarse, Bankei repelió el ataque con su rosario y luego le dijo:
—Tu técnica todavía no está madura. Tu mente atacó primero.

Cuento de la tradición budista zen.

martes, 3 de mayo de 2011

Un trago largo

Un estudiante le preguntó al maestro Mazu:
—¿Qué tipo de persona es la que no está apegada a cosa alguna?
—Cuando usted beba de un trago todas las aguas del río Xijiang, se lo diré—respondió Mazu.

Cuento de la tradición budista zen.

domingo, 1 de mayo de 2011

Primer principio

Una vez se le preguntaron al maestro Wenyi: ´
—¿Cuál es el primer principio?
—Si yo lo dijera, se convertiría en el segundo principio —se limitó a replicar Wenyi.

Cuento de la tradición budista zen.

jueves, 28 de abril de 2011

“No me tientes”

Un monje le preguntó a Zhaozhou:
—¿Qué es lo espiritual?
—Un charco de orina en la Tierra Pura —respondió Zhaozhou
—Te estoy pidiendo que me lo reveles —dijo el monje
—No me tientes —finalizó el maestro.

Cuento de la tradición budista zen.

miércoles, 27 de abril de 2011

Discusión zen

Cuando el maestro Huizhong fue invitado para discutir con otro monje, simplemente llegó, se sentó en una silla y se mantuvo en silencio. Entonces, su interlocutor le dijo:
—Por favor, proponga su tesis para que yo pueda argumentar.
—Ya he propuesto mi tesis —replicó Huizong.
—¿Cuál es? —preguntó el monje.
—Veo que está más allá de su comprensión —dijo el maestro. Y, acto seguido, se levantó de la silla y se fue.

Cuento de la tradición budista zen.

jueves, 14 de abril de 2011

La naturaleza de un asno

El maestro Muhak recibió cierto día la visita de un rey, a quien conocía desde tiempo atrás. Este le dijo que hacía mucho que no se reía y le rogó que bromearan un rato.
—De acuerdo —dijo Muhak—, empezad vos.

El rey comenzó a burlarse del maestro diciéndole que no valía más que un asno apaleado. Muhak, sin embargo, dijo que el rey le recordaba a Buda al pie del árbol de la iluminación.
—¿Y dónde está la gracia —preguntó el rey—. Yo te comparo con un asno apaleado y tú me igualas nada menos que con Buda.
—La gracia está en que lo propio de un asno es ver asnos en todas partes, mientras que lo propio de Buda es ver en todo la naturaleza de Buda.

Cuento de la tradición budista.

jueves, 7 de abril de 2011

Actuar del modo correcto

Cierta vez, un aldeano le dijo a un maestro budista:
—Siempre que voy al mercado a vender mis productos, hay un comerciante que intenta humillarme. Hace unos días, no pude soportar más el modo en que me trataba y acabé golpeándole en la cabeza con mi bastón. Saber que mi corazón alberga tanto odio me llena de vergüenza.
—Actuaste de modo equivocado al odiarlo —dijo el maestro sonriendo—. La próxima vez que ese hombre desprecie tu trabajo, procura llenar de bondad tu corazón. Y vuelve a golpearle la cabeza con el bastón, pues parece que solo entiende ese idioma.

Cuento de la tradición budista.