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martes, 21 de agosto de 2012

El asno se ha ido


Cierta noche, un viajero llegó a una pequeña ciudad, acompañado de un servidor y de un asno cargado de mercancías. Cuando arribaron a la posada, el mercader  le dijo a su servidor:
—¡Vigila atentamente al asno, que yo voy a tomarme un vaso de leche!
Al entrar en el albergue, vio a un grupo de sufís cantando y bailando juntos. Los religiosos lo invitaron a entrar en el círculo y le propusieron tomar por tema: “el asno se ha ido”. Feliz de participar en una actividad tan altamente espiritual e imaginando que el asno simbolizaba el ego del que hay que liberarse, el hombre aceptó la propuesta de buen grado. Se puso a cantar y a bailar con tal entusiasmo que entró en trance.
Al cabo de un rato, cuando quiso reanudar su camino, se dio cuenta de que su asno había desaparecido. Furioso, reconvino a su servidor:
—Pero, ¿qué has hecho? ¡Te ordené que vigilaras al asno!
—Vine a avisarte que querían quitártelo —repuso el servidor avergonzado—, pero como te vi en el colmo de la felicidad cantando “El asno se ha ido. El asno se ha ido”, no insistí.

Cuento de la tradición sufí.

martes, 30 de agosto de 2011

La puerta

Cierta vez, un derviche llegó a una ciudad y, mientras caminaba por la plaza, vio a una mujer que llevaba sobre sus espaldas una pesada puerta. Curioso, el hombre le preguntó:
—¿Por qué cargas eso?
—Porque esta mañana, al salir a trabajar, mi marido me ha dicho: “Hay objetos de valor en casa. Que nadie pase por esa puerta”. Por lo tanto, al salir, me he llevado la puerta conmigo. Para que nadie pueda pasar por ella.
—¿Quieres que te diga una cosa para que no tengas que cargarla? —le propuso el derviche.
—¡No! — exclamó ella—. Lo único que podría ayudarme es saber cómo hacerla menos pesada.
—Eso no puedo decírtelo —contestó el derviche, y siguió su camino.

Cuento de la tradición sufí.

viernes, 26 de agosto de 2011

La tintorería de Nasrudín

Cuando Nasrudín atendía su tintorería, entró un cliente y le dijo:
—¿Podrías teñirme este vestido?
— ¿De qué color lo quieres?
— Ah, nada complicado, pero que no sea ni rojo, ni verde, ni blanco, ni negro, ni amarillo, ni lila. Bien, ya me entiendes, no querría ningún color conocido, pero fuera de esto, nada especial. ¿Me lo puedes hacer?
—¡Claro que sí, hombre! Pasa a recogerlo cuando quieras, pero que no sea ni lunes, ni martes, tampoco miércoles, ni jueves y menos viernes. ¡Ah! Y el sábado y domingo está cerrado. Fuera de esto, ya lo sabes, siempre y cuando quieras.

Cuento de la tradición sufí.

sábado, 20 de agosto de 2011

Rezo desperdiciado

Un seguidor de Hazrat Mohammed fue con él a la mezquita para las oraciones de madrugada. Era verano y, de regreso, vio que mucha gente todavía permanecía en sus casas. El hombre le dijo a Hazrat con mucha arrogancia:
—¿Qué les pasará a estos pecadores? No han acudi¬do a los rezos matutinos.

Mohammed se detuvo y le contestó:
—Vete a tu casa. Debo regresar a la mezquita.
—¿Por qué? —preguntó el hombre
— Mi oración matutina se ha desperdiciado por tu culpa—repuso el maestro—. Tengo que rezar de nuevo. Y en cuanto a ti, acuérdate de no venir más. Tus rezos sólo han conseguido darte un pretexto para condenar a los demás.

Cuento de Osho.

viernes, 19 de agosto de 2011

La suegra de Nasrudín

Cierta vez, los vecinos de Nasrudín corrieron a avisarle que su suegra había caído al río. Sin dudarlo un instante, el mullah se zambulló y comenzó a nadar contra la corriente.
—¡No! —le gritaron—. ¡Ve aguas abajo!
—¡Escuchen! —jadeó Nasrudín mientras continuaba nadando—. Conozco a la madre de mi mujer. Cuando todos los demás son arrastrados por la corriente, ella trata de llevarle la contraria.

Cuento de la tradición sufí.

martes, 16 de agosto de 2011

Fidelidad

El maestro Najmaini expulsó a un estudiante con estas palabras:
—Tu fidelidad ha sido probada. La encuentro tan inconmovible que debes irte.

Desconcertado, el estudiante repuso:
—Me iré, pero no puedo entender cómo la fidelidad puede ser un motivo de expulsión.
—Durante tres años —replicó el maestro—, hemos probado tu fidelidad a conocimientos inútiles y a juicios superficiales. Es por eso que te tienes que ir.

Cuento de la tradición sufí.

sábado, 13 de agosto de 2011

El hombre devoto y el rey

Había una vez un hombre devoto que soñó con la visión de un rey en el Paraíso y la de otro hombre piadoso en el Infierno.
—¡Esto es una injusticia! —exclamó—. ¿No debería ser al revés?
—De ninguna manera —llegó la respuesta—.. El rey está en el cielo porque amaba y era devoto de los derviches. El hombre piadoso está en el Infierno porque se relacionaba demasiado con los reyes.

Cuento de la tradición sufí.

jueves, 11 de agosto de 2011

Experiencia

Cierta vez, Nasrudín se cayó de una escalera y se hizo mucho daño. A pesar de los emplastos y de las pociones, el dolor lo hacía sufrir terriblemente y sus amigos fueron a consolarlo:
—¡Hubiera podido ser mucho peor! —dijo uno.
—Después de todo, no te has roto nada —dijo otro.
—Pronto te repondrás —dijo un tercero.

En el colmo del dolor, Nasrudín se puso a pegar alaridos:
—¡Salid todos de aquí! ¡Abandonad esta habitación en el acto! ¡Madre, no dejes entrar a nadie a menos que se haya caído alguna vez de una escalera!

Cuento de la tradición sufí.

lunes, 1 de agosto de 2011

Preferencias escatológicas

—¡Sois todos unos pecadores despreciables y unos holgazanes inmorales! —vociferaba un predicador ambulante a un grupo de aldeanos—. ¡Ningún hombre de este lugar verá las puertas del Paraíso!
—¿Estás seguro? —le preguntó Nasrudín.
—¡Haz todas las bromas que quieras, advenedizo! —bramó el predicador, furioso porque se pusiera en duda sus palabras—. ¡Tú serás el primero en sentir las llamas del infierno lamiendo tus botas!
—¿Y dónde irás tú después de morir?
—Los creyentes virtuosos como yo irán directamente al Paraíso eterno.
—En ese caso —contestó Nasrudín tranquilamente—, es mejor que acompañe a mis amigos y parientes al infierno. Prefiero contar chistes para entretenerlos que tener que vivir con maníacos como tú por toda la eternidad.

Cuento de la tradición sufí.

viernes, 29 de julio de 2011

Ladrones

— Despierta —cuchicheó la mujer de Nasrudín una noche—, hay ladrones en casa. Veo los bultos que han dejado en el jardín.

El mullah echó a un lado la ropa de la cama e hizo amago de salir por la ventana.
—¿Qué haces? —le preguntó su esposa.
—Mientras registran nuestras miserables posesiones, voy a robarles sus fardos.

Cuento de la tradición sufí.

miércoles, 27 de julio de 2011

La copia perfecta

Nasrudín estaba en Turquía visitando a un amigo. Una noche, se sentaron fuera, bajo el cielo estrellado. Enseguida, el mullah empezó a dar sonoras muestras de aprobación.
— Por qué haces “¡ooh!” y “¡aah!”? —preguntó el amigo.
—Estaba admirando tu cielo y me asombraba de la maestría de vuestros pintores de cielos. Han hecho una copia perfecta de las estrellas que tenemos en mi tierra natal.

Cuento de la tradición sufí.

miércoles, 20 de julio de 2011

Distinguir lo bueno de lo malo

Un panadero quería conocer al maestro Uways y éste fue a su panadería disfrazado de mendigo. Tomó un pan y empezó a comérselo. El panadero lo golpeó y lo echó a la calle.
— ¡Loco!—le dijo un discípulo que llegaba—. ¿No ves que acabas de echar al maestro, a quien querías conocer?

Arrepentido, el panadero salió a la calle y preguntó qué podía hacer para que lo perdonase. Uways le pidió que los invitase a comer a él y a sus discípulos. El panadero los llevó a un restaurante excelente y pidió los platos más caros.
— Así distinguimos al hombre bueno del hombre malo — dijo Uways a sus discípulos en mitad de la comida—. Este panadero es capaz de gastar diez monedas de oro en un banquete porque soy célebre, pero no puede dar pan para que se alimente un mendigo hambriento.

Cuento de la tradición sufí.

martes, 19 de julio de 2011

El asno perdido

—¡Oh, aldeanos! —gritaba Nasrudín mientras corría por las calles de su pueblo—. ¡He perdido mi asno! ¡Se lo daré a aquel que lo recupere!
—Tienes que estar loco para hacer eso —le dijeron algunos de los que presenciaban el extraño suceso.
—De ninguna manera —les contestó el mullah—. Deben saber que el placer de encontrar algo que perdimos es mayor que el de poseerlo.

Cuento de la tradición sufí.

sábado, 16 de julio de 2011

El mayor lujo

Cerca del monasterio de Ibak vivía un sabio sufí, excelente negociante, que había acumulado una gran riqueza.

Un visitante del monasterio, al ver los altísimos costos de los trabajos de renovación del templo, dijo a quien quisiera escucharlo:
—¡He aquí que los caminos de la sabiduría se transforman en la senda de la ilusión! He encontrado a alguien que dice buscar la verdad y, sin embargo, está repleto de dinero.

Las palabras llegaron a oídos del sabio. Cuando le preguntaron qué tenía que decir, comentó:
—Pensaba que lo tenía todo y acabo de descubrir que me faltaba una cosa. Ahora sé que soy realmente un hombre rico, pues he conseguido un lujo más sofisticado: ver a alguien que tiene envidia de mí.

Cuento de la tradición sufí.

jueves, 7 de julio de 2011

Un ruiseñor aficionado

Nasrudín entró a escondidas en un huerto, se subió a un árbol y comenzó a comer fruta. De pronto, apareció el dueño del jardín, que le dijo muy enojado:
—¿Por qué te has subido a mi árbol?

Nasrudín intentó salir del paso diciendo:
—Estimado amigo, soy un ruiseñor y he subido a cantar.

El propietario, sorprendido por la respuesta, dijo:
—Entonces, cántame algo.

Nasrudín empezó a hacer unos gorjeos extraños mientras agitaba los brazos. El propietario, que no estaba convencido, exclamó:
—¿Qué canción es ésa? Nunca escuché a un ruiseñor cantar tan mal.
—Bueno —respondió el mullah—, es que soy un ruiseñor aficionado.

Cuento de la tradición sufí.

jueves, 30 de junio de 2011

Corte de pelo en horario de trabajo

Nasrudín había conseguido empleo en un taller cuando el capataz lo vio dejar sus herramientas y dirigirse hacia la puerta.
—¿Qué crees que estás haciendo? —le dijo.
—Voy a que me corten el pelo.
—¡No puedes ir a que te corten el pelo en tu horario de trabajo!
—Pero me ha crecido también en ese horario.
—Todo no. Eso no es cierto.
—Está bien, en ese caso no me lo haré cortar del todo —concluyó el mullah saliendo del taller.

Cuento de la tradición sufí.

domingo, 19 de junio de 2011

¡Espero estar muy enfermo!

Mientras Nasrudín estaba sentado en la sala de espera del consultorio del doctor, repetía en voz alta:
—¡Oh, Dios, espero estar muy enfermo!

Esto intrigó mucho a los otros pacientes que, sin embargo, no se atrevieron a averiguar la razón de tales palabras. Cuando el médico llegó, el mullah dijo casi a gritos:
—¡Realmente, espero estar muy enfermo!
—¿Por qué dices eso? —preguntó el galeno.
—No me gustaría pensar que alguien que se siente tan mal como yo no tiene nada.

Cuento de la tradición sufí.

jueves, 16 de junio de 2011

El anuncio

Nasrudín estaba en la plaza del mercado y se dirigió a la multitud:
— ¡Oh, gentes de este lugar! ¿Quieren el conocimiento sin dificultad, la verdad, sin falsedad, el logro sin esfuerzo, el progreso sin sacrificio?

Muy pronto, se reunió a su alrededor un gran número de personas que gritaban:
—¡Sí, claro que queremos todo eso!
—¡Excelente! —dijo entonces muy serio el mullah—. Lo pregunté solo para saber. Pueden confiar en que, si algún día lo descubro, serán los primeros en enterarse.

Cuento de la tradición sufí.

martes, 14 de junio de 2011

Deseos

Nasrudín invitó a todos sus discípulos a una cena. Comieron y bebieron durante varias horas, mientras charlaban sobre el origen de las estrellas y los propósitos de la vida. Cuando casi amanecía, los comensales se prepararon para regresar a sus hogares pero el mullah trajo un gran plato de dulces exquisitos. Se los ofreció amablemente pero uno de ellos se negó a aceptarlos diciendo:
— El maestro nos está probando. Quiere comprobar si podemos controlar nuestros deseos.
—Te equivocas —repuso Nasrudín—. La mejor manera de dominar un deseo es satisfacerlo. Prefiero que tengan los dulces en el estómago que en el pensamiento, que debe utilizarse para cosas más nobles.

Cuento de la tradición sufí.

miércoles, 8 de junio de 2011

Mudanza imprevista

Un ladrón se introdujo en casa de Nasrudín para despojarlo. Tan pronto como éste advirtió su presencia, se escondió en un rincón.

Desde su escondite, el mullah asistió a la operación del robo y luego siguió al malhechor hasta su casa, donde lo abordó educadamente.
—Gracias por haber trasladado todos mis efectos y mis muebles —le dijo—. Has hecho que abandonáramos nuestro sórdido alojamiento, en el que tanto mi familia como yo nos estábamos pudriendo. Ahora, vamos a poder vivir aquí. ¡Voy ya mismo a buscar a mi mujer y a mis hijos para que disfruten sin más tardanza de tu generosa hospitalidad!

El ladrón, angustiado ante la idea de tener que cargar con toda aquella gente, le devolvió en el acto sus bienes:
— ¡Tómalo todo de nuevo! —exclamó— ¡Y guárdate para ti tu familia y tus problemas!

Cuento de la tradición sufí.