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viernes, 22 de julio de 2011

La cortesía de Buda

Al salir de la ciudad de Sravasti, el Buda tuvo que atravesar una dilatada llanura. Desde sus diversos cielos, los dioses le arrojaron sombrillas para resguardarlo del sol. A fin de no desairar a sus bienhechores, el Buda se multiplicó cortésmente y cada uno de los dioses vio un Buda que marchaba con su sombrilla.

Cuento de la tradición hindú.

lunes, 18 de julio de 2011

Los monos y el vendedor de sombreros

Cierta vez, un vendedor de sombreros que viajaba de aldea en aldea se echó a la sombra de un árbol para dormir un poco. Cuando despertó, los monos se habían llevado toda su mercancía y estaban trepados a las ramas.

Furioso, se sacó su propio sombrero y lo arrojó al suelo. Al instante, todos los monos lo imitaron, de manera que pudo recuperarlos y se marchó.

Muchos años después, el nieto del vendedor pasó por el mismo sitio y también se acostó a dormir. Al despertarse, nuevamente los monos habían robado sus sombreros.

El hombre recordó la anécdota de su antepasado y arrojó el suyo con fuerza al suelo. Pero ninguno de los monos lo imitó. En lugar de eso, uno de ellos le dijo:
—¡Tonto! ¡Nosotros también hemos tenido abuelos!

Cuento de la tradición hindú.

viernes, 15 de julio de 2011

Los dos pastores y el rey

Había una vez un rey, descendiente de una antigua y poderosa dinastía, que había sido despojado del trono por la adversidad y estaba huyendo de sus enemigos.

El rey estaba empapado por la lluvia, en medio de una zona pantanosa, cuando llegó a una pequeña choza. Pensó descansar allí pero, al entrar, se encontró a dos pastores envueltos en mantas para protegerse del frío.

Amablemente, le dieron la bienvenida y compartieron con él algo de pan, queso y cebollas, que era la única comida que tenían.

El soberano les dijo:
— Algún día, cuando recobre mi reino, os pagaré con moneda propia de un rey.

Sucedió que, aunque los dos pastores habían sido igualmente generosos, no se comportaban en todo de la misma forma.

El primer pastor comenzó a decirle a toda la gente que él era mejor que un noble, pues había dado comida a un rey cuando no había nadie más que lo hiciera.

Pero el segundo pastor, reflexionando, se dijo a sí mismo:

“El haber estado en la choza y tener un poco de comida fueron simples accidentes. Ofrecerle comida al rey fue una acción normal. Pero nuestro soberano quiso interpretar estos hechos como algo de mérito. Ahora, yo debo inspirarme en su ejemplo y hacerme digno de tal nobleza”.

Dos o tres años después, el rey recuperó su reino y mandó llamar a los pastores. A cada uno se le dieron valiosos regalos, y los dos tuvieron posiciones poderosas en la corte.

Pero el primer pastor, que no había hecho ningún esfuerzo por mejorar y prepararse, no tardó en tomar parte en una intriga de la corte y fue ejecutado.

Por el contrario, el segundo pastor trabajó tan bien y con tal lealtad que, cuando el rey llegó a una edad avanzada, fue nombrado y aceptado como su sucesor.

Cuento de la tradición hindú.

lunes, 20 de junio de 2011

El hombre más pobre de la ciudad

Cierto día, un monje dejó su ashram y fue a la calle principal de la ciudad, agitando unas cuantas monedas de cobre en la palma de su mano. Mientras los mendigos se aglomeraban a su alrededor, anunció que solo le daría las monedas al hombre más pobre. A medida que las manos demandantes se extendían desde todos los lados, él exclamaba:
—No, no es para ti, ni para ti, ni para ti.

De pronto, la fanfarria de las trompetas se impuso por sobre el ruido de la calle. Los guardias proclamaron con grandes voces que el maharajá salía del palacio en su elefante real.

El pueblo se alineó para ver al soberano, pero el monje se paró frente al elefante y, mientras arrojaba las monedas, gritó:
—¡Oh, ¡Gran Maharajá! Tengo algo para ti!

El gobernante se mostró sorprendido y demandó una explicación acerca de la impertinente conducta del hombre.
—Su Majestad, prometí que hoy le daría estas monedas de cobre al hombre más pobre de la ciudad.
—¡Yo soy el dueño esta ciudad, insensato! ¿Cómo puedes decir que soy el hombre más pobre?
—Porque usted tiene un constante deseo de poseer más.

Cuento de la tradición hindú.

viernes, 17 de junio de 2011

Etapas de una búsqueda

El maestro estaba de un talante comunicativo, y por eso sus discípulos trataron de que les contara las fases por las que había pasado en su búsqueda de la divinidad.
— Primero—les dijo—, Dios me condujo de la mano al País de la Acción, donde permanecí una serie de años. Luego volvió y me condujo al País de la Aflicción, y allí viví hasta que mi corazón quedó purificado de toda afección desordenada. Entonces fue cuando me vi en el País del Amor, cuyas ardientes llamas consumieron cuanto quedaba en mi de egoísmo. Tras de lo cual, accedí al País del Silencio, donde se develaron ante mis asombrados ojos los misterios de la vida y de la muerte.
—¿Y fue ésta la fase final de tu búsqueda? —le preguntaron.
—No respondió, el Maestro—. Un día dijo Dios: “Hoy voy a llevarte al santuario más escondido del Templo, al corazón del propio Dios.... Y fui conducido al País de la Risa”.

Cuento tomado del libro “Historias Zen”, de Taisen Deshimaru.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La tela

Un hombre caminaba por un callejón con un rollo de tela bajo el brazo cuando comenzó a llover torrencialmente. El caminante desenrolló la tela y la extendió sobre su cabeza. De pronto, otro hombre que pasaba por allí también se cobijó bajo el toldo improvisado.

Cuando cesó la lluvia, el segundo hombre reclamó la tela como suya y se inició una discusión que casi llegó a las manos. Finalmente, ambos llevaron el caso ante un juez. Este escuchó los respectivos argumentos y dijo:
—Alguacil, consiga unas tijeras y corte la tela justo por el medio para darle a cada uno su parte.

Así se hizo pero, entonces, el juez comprobó que uno de los hombres se manifestaba contento con la decisión mientras que el otro seguía muy enojado.
—Ya sé quién es el dueño de la tela —dijo el juez—. Alguacil, devuélvasela y envíe al ladrón a prisión.

Cuento de la tradición hindú.

lunes, 11 de abril de 2011

Todo es Brahma

Un asceta muy delgado por sus ayunos llegó cierto día a la plaza de un pueblo. Se sentó a la sombra de un árbol, sacó de su humilde bolsa un pedazo de pan, y empezó a comerlo lentamente.

Entonces, un perro famélico, que era puro huesos, se le acercó y lo miró. Sin decir nada, el monje comenzó a alimentarlo, de manera que le daba un pedazo al perro, y luego tomaba otro para sí.

Los que pasaban por allí, se reían al ver la escena, hasta que uno se acercó y le preguntó por qué despilfarraba de ese modo su comida.

El asceta, sin dejar de dar de comer al perro, le dijo:
—Brahma da de comer a Brahma: por lo tanto, ¿de qué te sorprendes, oh Brahma?

Cuento de la tradición hindú.

martes, 22 de febrero de 2011

Providencia

Cierto día, el emperador y su principal consejero fueron solos a la selva a cazar. Al disparar la escopeta, el soberano se fracturó el dedo pulgar y gritó de dolor. El ministro le entablilló la herida mientras reflexionaba:
—Majestad, nunca sabemos qué es bueno o malo para nosotros. Debemos contemplar todo con ojos de providencia.

Al emperador no le cayó bien el consejo, se enojó y empujó a su ministro al fondo de un pozo abandonado. Luego, continuó su camino por el bosque.

A poco de andar, un grupo de salvajes le salió al encuentro. Lo rodearon, lo hicieron cautivo y lo llevaron ante su jefe. La tribu se preparaba a ofrecer un sacrificio humano y el soberano era la víctima elegida. El hechicero de la tribu lo examinó y, al ver que tenía el dedo pulgar roto, lo rechazó, ya que la víctima no podía tener defecto físico alguno.

El emperador cayó entonces en la cuenta de lo que le había dicho su ministro y comprendió que tenía razón. Sintió remordimientos, volvió al pozo, y sacó al hombre, a quien además pidió perdón. Este le contestó:
—Majestad no tiene por qué pedirme perdón, ya que no me ha causado ningún daño. Al contrario, me ha salvado la vida. Si no me hubiera arrojado a este pozo, hubiera continuado yo a su lado. Entonces, esos salvajes me hubieran elegido a mí para su sacrificio y me habrían matado.

Cuento de la tradición hindú.

jueves, 20 de enero de 2011

El cooli de Calcuta

Un viajero occidental llegó a Calcuta buscando a un elevado maestro espiritual llamado Baba Gitananda. Después de un agotador viaje en tren, se dirigió a varios coolis para averiguar el paradero del sabio. Finalmente, encontró uno que le contestó:
— Sí, señor, lo conozco.

El extranjero contempló a su interlocutor. Era un hombre muy sencillo, de edad avanzada y aspecto de pordiosero.
— ¿Estás seguro de que conoces a Baba Gitananda? —insistió.
— Sí, lo conozco bien.
— Entonces, llévame hasta él.

El viajero se acomodó con desconfianza en el carrito y el cooli comenzó a tirar del mismo. Después de un largo trayecto, el porteador se detuvo en una callejuela muy estrecha. Jadeante por el esfuerzo y con voz entrecortada, dijo:
— Señor, voy a mirar dentro de la casa. Entrad en unos instantes.

El occidental estaba sorprendido. ¿Cómo iba a vivir allí Baba Gitananda ni ningún mentor espiritual? Vaciló e incluso pensó en huir. Pero, recurriendo a todo su coraje, se decidió a bajar del carrito y entrar en la casa. Atravesó un pasillo que desembocaba en una sala en penumbras que olía a sándalo. Al fondo de la misma, vio la silueta de un hombre en meditación profunda.

Lentamente, el viajero se aproximó al yogui y, ¡cuál no sería su sorpresa al comprobar que aquel hombre era el cooli que lo había conducido hasta allí! A pesar de la escasa luz de la estancia, el occidental pudo ver los ojos calmos del maestro, y contemplar el lento movimiento de sus labios al decir:
— Yo soy Baba Gitananda. Aquí me tienes, amigo mío.

Cuento de la tradición hindú.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Un trozo de verdad

Cierto día Mara, el Maligno, atravesaba un pueblo de la India con sus asistentes cuando vio a un hombre que caminaba meditabundo. De pronto, el rostro del caminante se iluminó de asombro: acababa de descubrir algo en el suelo.

Uno de los ayudantes le preguntó al Maligno qué era.
— Un trozo de verdad —replicó éste.
— ¿Y no te molesta cuando los seres humanos encuentran un pedazo de la verdad?
— No —respondió Mara—, porque inmediatamente después lo convierten en una creencia.

Cuento de la tradición hindú.

viernes, 22 de octubre de 2010

Un problema más para Dios

Hace mucho tiempo, en la antigua India, tres amigos se internaron en un denso bosque. De pronto, se dieron cuenta de que un tigre los seguía a cierta distancia.
— ¡Estamos perdidos! —dijo uno de ellos—. ¡No podremos correr más rápido que él!
— ¿No tienes fe? —exclamó el otro—. Arrodillémonos y pidámosle a Dios que nos salve.
— Mejor, subámonos a ese árbol —sugirió el tercer amigo—. ¿Para qué crearle un problema más a Dios?

Cuento de Sri Ramakrishna.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Los dos místicos

Había una vez dos amigos que tenían una gran tendencia hacia la mística. Por lo tanto, cada uno de ellos consiguió una parcela de terreno donde poder retirarse a meditar tranquilamente.

Uno de los amigos tuvo la idea de plantar un rosal, pero enseguida rechazó el propósito, pensando que las rosas le originarían apego y terminarían por encadenarlo. El otro tuvo la misma idea y plantó el rosal.

Con el paso del tiempo, el rosal floreció, y el hombre que lo poseía disfrutó de las rosas, meditó a través de ellas y así elevó su espíritu y se sintió unido a la naturaleza, aunque nunca se apegó a las flores.

El otro amigo empezó a anhelar el rosal y las hermosas flores que hubieran deleitado su vista y su olfato. Así, se apegó a las rosas de su mente y, a diferencia de su compañero, creó ataduras.

Cuento de la tradición hindú.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Los pecados y el agua

Cierta vez, un peregrino le dijo al río Ganges:
— Si tú purificas a los hombres, tus aguas deben estar llenas de pecados.
— No —repuso el río—, yo los hago desembocar en el océano.

El peregrino fue entonces al océano y le dijo:
— Si tú recibes el agua del Ganges, debes estar lleno de pecados.
— No —replicó el río—, yo evaporo esa agua hacia las nubes.

El hombre se dirigió entonces a las nubes y les dijo:
— Si vosotras recibís el agua del océano, debéis estar llenas de pecados.
— No —contestaron las nubes—, nosotras devolvemos el agua a los hombres en forma de lluvia.

Cuento de la tradición hindú.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El poder de la palabra

Un hombre incrédulo se acercó a un grupo que escuchaba la prédica de un yogui. El sabio decía:
— Es verdad que la repetición de una palabra sagrada tiene el poder de iluminarnos.
— ¿Cómo puedes decir eso? —protestó el incrédulo—. ¿Afirmas que, si repetimos la palabra “pan” muchas veces, el pan se hará presente?
— ¡Siéntate ahora mismo, sinvergüenza! —replicó el yogui.

El incrédulo se llenó de rabia y vociferó:
— ¡Cómo te atreves a hablarme así!

Entonces, el sabio le dijo con gran ternura y mansedumbre:
— Lamento mucho haberte ofendido. Dime, ¿qué sientes en este momento?
— ¡Me siento ultrajado!
— Fíjate que una sola palabra injuriosa ha sido suficiente para que te sintieras mal. Si esto es así, ¿por qué un vocablo que designa al Ser no puede tener el poder de iluminarte?

Cuento de la tradición hindú.

martes, 17 de agosto de 2010

Mañana te lo diré

El rey era un hombre joven sinceramente preocupado por las cuestiones metafísicas. Aspiraba a conquistar la liberación interior y sabía que lograrla requería muchísima motivación y un enorme esfuerzo. Comenzó a preguntarse si una persona necesitaría más de una liberación y, atormentado por esta cuestión, hizo llamar a su maestro.
— Venerable yogui. Hay una cuestión que me inquieta mucho. Yo sé hasta qué punto hay que esforzarse para hallar la Liberación pero me pregunto: ¿Basta con que una persona se libere una vez o son necesarias más liberaciones?

El yogui sólo repuso:
— Mañana, señor, te lo diré al amanecer.

El monarca ni siquiera pudo conciliar el sueño. Estaba ansioso por recibir la respuesta. Los primeros rayos del sol iluminaron su reino. Se incorporó y comenzó a ataviarse. Recordó que tenía que estar presente en una ejecución que iba a llevarse a cabo. Por haber violado y matado a varias mujeres, un hombre había sido condenado a la horca. El juez había anunciado: “Este hombre cruel y perverso debería ser ahorcado por cada uno de sus crímenes”.

Cuando el rey salió de su cámara, el yogui lo estaba esperando.
— Estoy ansioso por conocer tu respuesta —dijo el rey.
— La conocerás, señor, si me permites acompañarte a contemplar la ejecución.

El monarca y el yogui asistieron a la ejecución. El asesino fue ahorcado. Entonces el rey se volvió hacia el yogui y le preguntó:
— ¿Cuándo responderás a mi pregunta?
— Ahora mismo, majestad —repuso el yogui—. Ese hombre que acaba de ser ejecutado debería haber sido ahorcado, según el juez, una vez por cada uno de sus crímenes. ¿Pueden acaso ahorcarlo de nuevo?
— Claro que no —afirmó el monarca—. Un hombre ahorcado no puede ser ahorcado de nuevo.

Y el yogui dijo:
— Y un hombre liberado, ¿puede liberarse de nuevo?

Cuento de la tradición hindú.

viernes, 6 de agosto de 2010

El rey de la selva

Cuando el Tigre se abalanzó sobre el Zorro, éste gritó:
— ¡Cómo te atreves a atacar al rey de la selva!

El Tigre se detuvo, asombrado:
— ¡Tonterías! Tú no eres el rey!
— Por supuesto que lo soy —dijo el Zorro—. Todos los animales huyen de mí aterrorizados. Si quieres una prueba, ven conmigo

El Zorro se internó en el bosque con el Tigre pegado a sus talones. Cuando se acercaron a una manada de ciervos, éstos vieron al enorme felino detrás del Zorro y corrieron en todas direcciones.

Luego se aproximaron a un grupo de monos, que también huyeron ante la vista del Tigre. Entonces, el Zorro se dio vuelta y le dijo:
— ¿Necesitas más pruebas?
— No, gran rey, lo he visto con mis propios ojos.

Y, con una reverencia, el Tigre dejó ir al Zorro.

Cuento de la tradición hindú.

viernes, 23 de julio de 2010

La bandada de pájaros

Había una vez una bandada de pájaros que picoteaban tranquilamente las semillas bajo un árbol. Un cazador se acercó y echó una pesada red sobre ellos.
— ¡Ajá! ¡Ya tengo mi cena! —exclamó.

Pero, de pronto, las aves comenzaron a batir sus alas y se elevaron en el aire sosteniendo la red. Luego, bajaron sobre el árbol y, como la red quedó enganchada en las ramas, los pájaros volaron por debajo de ella, hacia la libertad.

El cazador miró con asombro, se rascó la cabeza y murmuró:
— Si estas aves siguen cooperando entre sí de esa manera, jamás podré cazarlas.

Cuento de la tradición hindú.

martes, 20 de julio de 2010

La bolsa de oro

Un mendigo encontró una bolsa de cuero que alguien había perdido en el mercado. Al abrirla, descubrió que contenía cien monedas de oro.

Inmediatamente, se escuchó el grito de un comerciante:
— ¡Hay una recompensa para quien encuentre mi bolsa!

Como el mendigo era un hombre honrado, se acercó y le entregó la bolsa diciendo:
— Aquí está. ¿Me puede dar la recompensa?
— ¿Recompensa? —se burló el mercader, contando con avidez el oro—. Cuando la perdí, había doscientas piezas de oro en ella. Ya has robado más de lo que te hubiera dado. Desaparece o se lo diré a la policía.
— Soy un hombre honesto —protestó el mendigo—. Llevemos este asunto ante el juez.

En la corte, el juez escuchó pacientemente ambas versiones de la historia y dijo:
— Creo que es posible brindar justicia a los dos. Mercader, usted dijo que su bolsa contenía doscientas monedas de oro. Sin embargo, la que este mendigo encontró sólo contenía cien. Por lo tanto, no puede ser la suya.

Dicho esto, el juez le dio la bolsa con el oro al hombre pobre.

Cuento de la tradición hindú.

lunes, 12 de julio de 2010

La naturaleza de la mente

Un hombre llevaba horas viajando a pie y se sentía agotado bajo el sol implacable. Sin poder dar un paso más, se acostó a descansar bajo un árbol frondoso. El suelo estaba duro y el viajero pensó en lo agradable que sería disponer de una cama.

Casualmente, aquél era un árbol celestial de los que hacen realidad los pensamientos. Así que, instantáneamente, apareció una confortable cama. El hombre se echó sobre ella y, mientras disfrutaba del lecho, pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus piernas. Al momento, apareció una hermosa mujer que comenzó a brindarle un masaje.

Bien descansado, el viajero sintió hambre y pensó en lo grato que sería degustar una opípara comida. En el acto, aparecieron ante él los más suculentos manjares.

El hombre comió hasta saciarse y se sintió feliz. De pronto, lo asaltó un pensamiento: “¿Y si ahora me ataca un tigre?” Entonces, apareció un tigre y lo devoró.

Cuento de la tradición hindú.

miércoles, 30 de junio de 2010

El hombre dormido

Cierto pueblo de la India se había hecho famoso porque uno de sus habitantes llevaba dormido más de veinticinco años. Cansados de que los visitantes les preguntaran el por qué de tan extraño fenómeno, decidieron llamar a un ermitaño que vivía en un monte cercano. Este hombre tenía fama de leer los pensamientos y el alcalde mismo fue a solicitar su presencia.

Aunque vivía dedicado a la contemplación y apartado del mundo, el eremita aceptó bajar al pueblo. Una vez allí, se sentó junto al durmiente y entró en estado de profunda meditación.

Minutos después, parpadeó ligeramente y regresó a su estado ordinario de conciencia. Todo es pueblo esperaba ansioso sus palabras.
— Amigos míos —dijo—, he llegado hasta lo más profundo del corazón y de la mente de este hombre, y he encontrado la causa de su mal. El sueña continuamente que está despierto y, por lo tanto, no se propone despertar.

Cuento de la tradición hindú.