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domingo, 21 de agosto de 2011

El diamante del hombre rico

A un hombre rico que tenía un vecino muy pobre, le dijo un adivino que todas sus riquezas pasarían algún día a manos del pobre. El rico se impresionó tanto que lo vendió todo. Con el dinero obtenido compró un gran diamante, que escondió en el turbante.
—Ahora —se dijo—, mi pobre vecino nunca obtendrá mi diamante.

Algún tiempo después, estando en el mar, el viento le llevó el turbante, que cayó en el agua y se hundió con el precioso diamante.
—De todos modos —pensó el rico-, si he perdido el diamante, mi pobre vecino nunca podrá poseerlo.

Pero, pocos días después, el pobre compró un pez en el mercado, y al abrirlo encontró el diamante que el pez se había tragado.

Cuento del Talmud.

miércoles, 15 de junio de 2011

El modo de hacer la cama

Uno de los deberes del sirviente de Rabí Méndel de Rymanov era hacer su cama, y nunca permitía que nadie la hiciera en su lugar. Cuando un joven entró como cuidador de los fogones, le pidió el sirviente que le dejara hacer la cama del maestro, pero el hombre se negó. Argumentó que, sin duda, el Rabí notaría que otra mano había realizado el servicio.

Un día, sin embargo, el sirviente fue llamado fuera de la casa antes de la noche, y dado que debía salir enseguida, transfirió sus obligaciones al fogonero, a quien dio detalladas instrucciones sobre cómo debía hacer la cama. El joven prometió seguir sus indicaciones al pie de la letra.

Cuando Rabí Méndel se levantó a la mañana siguiente, llamó al sirviente y le preguntó quién había hecho la cama. Temblando el hombre contestó y pidió perdón.
—No sabía —dijo el maestro– que se podía dormir tan dulcemente. Desde ahora el fogonero hará mi cama todos los días.

Cuento de la tradición jasídica.

jueves, 19 de mayo de 2011

Fantasía

En un pueblito jasídico, en una fonda miserable, los presentes se pusieron a contar sus fantasías. Uno pidió dinero; otro, un yerno; el tercero, un banco de carpintero. Al terminar, le pidieron a un mendigo desconocido que contara su fantasía. Este dijo:
—Ojalá fuera un poderoso monarca y reinara sobre un poderoso país. Quisiera que de noche, estando dormido en mi palacio, el enemigo irrumpiera en mis tierras y, antes del amanecer, sus jinetes llegaran a las puertas de mi castillo sin encontrar resistencia alguna. Del susto, me despertaría sin tiempo para vestirme. En camisón emprendería la fuga a través de montañas, ríos y bosques, noche y día sin descanso, hasta llegar aquí. Eso es lo que yo desearía.
—Pero, ¿qué ganarías con ese deseo? —atinó a preguntar uno.
—Un camisón.

Cuento de Walter Benjamin.

martes, 10 de mayo de 2011

La vara

El padre de Moshé Leib se oponía resueltamente a la vía jasídica. Cuando supo que Moshé había dejado la casa para convertirse en discípulo de rabí Schmelke, se puso furioso. Cortó la rama de un árbol y la guardó en su habitación, a la espera de que regresara su hijo. Cada vez que veía una rama más apropiada, fabricaba con ella una nueva vara que, al parecer, resultaría más eficaz, y tiraba la antigua. Pasó el tiempo y muchas varas fueron cambiadas. Durante una limpieza general de la casa, un sirviente tomó la vara y la llevó al desván.

Poco después, Moshé Leib pidió permiso a su maestro para ausentarse por un corto tiempo y se dirigió a su casa. Cuando vio que su padre daba un salto al verlo y emprendía furiosa búsqueda, fue directamente al desván, retiró la vara y la depositó frente al anciano. Este miró el rostro grave y afectuoso de su hijo y se sintió vencido.

Cuento de la tradición jasídica.

sábado, 30 de abril de 2011

Milagro

Un naturalista vino desde muy lejos a ver al Baal Shem Tov y le dijo:
—Mis investigaciones demuestran que, en el devenir de la naturaleza, el Mar Rojo iba a dividirse a la misma hora en que los hijos de Israel lo atravesaron. Entonces, ¿qué hay del famoso milagro?

El Baal Shem Tov le respondió:
—¿No sabes que la naturaleza es obra de Dios? El la hizo de tal modo que, a la hora en que los hijos de Israel atravesaron el Mar Rojo, éste tenía que dividirse. Ese es el grande y famoso milagro.

Cuento de la tradición jasídica.

miércoles, 20 de abril de 2011

Necesidad

El místico judío Baal Shem Tov tenía una curiosa forma de orar a Dios. Decía:
— Recuerda, Señor, que Tú tienes tanta necesidad de mí como yo de Ti. Si Tú no existieras, ¿a quién iba yo a orar? Y si yo no existiera, ¿quién iba a orarte a Ti?

Cuento de la tradición jasídica.

lunes, 18 de abril de 2011

Caber dentro de una palabra

Se cuenta que cierta vez el rabí de Kobrin les dijo a sus discípulos:
—Una persona tiene que estar toda entera dentro de cada palabra que pronuncia.

Y uno de sus discípulos le preguntó:
—¿Cómo puede una persona caber dentro de una palabra?
—Cualquiera que se sienta más grande que una palabra —respondió el rabí— no es la clase de persona de la que estoy hablando.

Cuento de la tradición jasídica.

domingo, 10 de abril de 2011

La elección

Cierta vez, el rabí Najum les dijo a sus discípulos:
—Si todos pudiéramos colgar nuestras penas en un árbol y luego nos permitieran elegir las que preferimos, cada uno retomaría las suyas, porque las ajenas le parecerían más difíciles de soportar.

Cuento de la tradición jasídica.

viernes, 25 de marzo de 2011

La gallina y los patitos

En cierta ocasión, colocaron huevos de pato en el nido de una gallina y ésta los empolló. La primera vez que se acercaron a un arroyo, los patitos se metieron en el agua y comenzaron a nadar alegremente. La gallina corría por la orilla desesperada, ordenándoles que regresaran enseguida para no ahogarse.
—No te preocupes por nosotros, madre —respondieron los patitos—. No tenemos por qué temer al agua. Sabemos nadar.

Cuento de la tradición jasídica.

martes, 8 de marzo de 2011

El gran tesoro

En una oportunidad un hombre tuvo un sueño muy extraño en el cual vio a su vecino que le decía que tenía un gran tesoro para él.

Ni lerdo ni perezoso, por la mañana, ni bien se despertó, se presentó ante aquél y le contó lo sucedido.
—Seguramente te estarás refiriendo a este rubí —respondió el vecino mientras sacaba de su bolsillo una piedra hermosa y brillante—. Pues bien, si soñaste que debo entregártelo, aquí lo tienes. Es tuyo.

Era un rubí único en el mundo, de un valor incalculable. Nuestro hombre aceptó el ofrecimiento, lo tomó en sus manos y con el producto de su venta adquirió todo tipo de propiedades, palacios, campos, etc. En fin, comenzó a llevar una vida de magnate, tal cual fuera su sueño de siempre.

Pero, como suele pasar en estos casos, el hombre, a pesar de toda su riqueza, -o quizás a causa de ella- no estaba satisfecho con su existencia y comenzó a sentirse deprimido. Y así, en medio de su crisis, una a una comenzó a vender todas sus pertenencias hasta que logró reunir la suma total invertida, con la cual adquirió nuevamente el rubí en cuestión. Entonces regresó a lo de su vecino, el dueño original de la piedra preciosa, y se la reintegró diciéndole:
—Evidentemente me confundí. El verdadero tesoro no es este rubí, sino aquel don que tú tienes en tu interior: el don de la nobleza y la generosidad. Ése es el gran tesoro.

Cuento de la tradición jasídica.

jueves, 3 de febrero de 2011

Caminar con la propia luz

Un joven rabí se quejó al rabí de Ryzhyn:
— Durante las horas que dedico al estudio siento la vida y la luz, pero en el momento en que dejo de estudiar todo ha desaparecido. ¿Qué debo hacer?

El rabí de Rizhyn respondió:
— Es como cuando un hombre marcha por un bosque en una noche oscura y, durante un tiempo, se le une otro con una linterna en la mano. Cuando se separan en un cruce, el primero siente temor a seguir solo y a tientas su camino. Pero si un hombre lleva su propia luz consigo, no debe tener miedo a la oscuridad.

Cuento de la tradición jasídica.

domingo, 16 de enero de 2011

La danza y el dolor

Cada víspera de Shabat, rabí Jaím de Kosov bailaba ante sus discípulos reunidos. Su rostro estaba encendido y todos sabían que cada paso contenía sublimes significados y obraba cosas sublimes.

Una vez, cuando estaba en medio de su danza, cayó un pesado banco sobre su pie y tuvo que detenerse por el dolor. Después, cuando le preguntaron sobre esto, dijo:
— Me parece que el dolor se hizo sentir porque interrumpí la danza.

Cuento de la tradición jasídica.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Los cuatro tipos de personas

El maestro le dijo al discípulo:
— Existen cuatro tipos de personas:
El justo que manifiesta: "Lo que es mío es mío; lo tuyo, tuyo".
El enamorado que exclama: "Lo que es mío es tuyo; lo tuyo es mío".
El egoísta que piensa: "Lo tuyo es mío; lo mío es mío".
El santo que actúa: "Lo que es mío es tuyo; lo tuyo, es tuyo"».

Cuento anónimo judío.

viernes, 15 de octubre de 2010

Lo más importante

Poco tiempo después de la muerte del rabino Moshé, el rabino Mendel de Kotzk le preguntó a uno de sus discípulos:
— ¿Qué era lo más importante para vuestro maestro?

El discípulo reflexionó y luego dijo:
— Cualquier cosa que estuviera haciendo en ese momento.

Cuento de la tradición jasídica.

viernes, 3 de septiembre de 2010

El milagro

El rabino Gurari de Jabad estaba sentado en cierta ocasión junto a otros dos religiosos y cada uno empezó a contar historias sobre los milagros realizados por sus maestros.

El primero contó varias anécdotas impresionantes sobre cómo su mentor había sanado enfermos e, incluso, revivido a un muerto.

El segundo relató cómo su guía espiritual había dado bendiciones exitosas para poder tener hijos y riqueza.

Cuando llegó el turno del rabino Gurari, éste anunció:
— ¡Les contaré una verdadera historia milagrosa! Una vez, mi maestro me indicó que invirtiera todo mi dinero en un trato comercial y, cuando lo hice, perdí hasta el último centavo.
— ¿Usted está hablando en broma? —le preguntaron los otros dos después de un minuto de silencio—. ¿Qué clase de milagro es ese?
— El milagro —les contestó Gurari— es que yo sigo creyendo en él.

Cuento de la tradición jasídica.

sábado, 31 de julio de 2010

Abrir un canal

El rabino Joseph Caro se enfrentó, una vez, a la lectura de un pasaje muy difícil del Talmud. Luego de días y noches de arduo trabajo, logró comprender su significado.

Poco tiempo después encontró en una biblioteca, sentado en una mesa cercana, a un hombre que leía el mismo pasaje. Se trataba de un comerciante con pocas luces para el estudio de lo sagrado que, sin embargo, pareció entender sin dificultad de qué trataba el texto.

El rabino se sintió algo avergonzado por el incidente y pensó: “¿En que falla mi entendimiento del Talmud, si me cuesta tanto trabajo y este hombre simple lo comprende con tanta facilidad?”.

La respuesta a esta pregunta le llegó, a la noche siguiente, durante un sueño. En él, escuchó una voz que le decía: “Desde el momento en que el libro sagrado fue entregado a los seres humanos, nadie pudo interpretar así ese pasaje. Fue necesario tu enorme esfuerzo para hacerlo. Este esfuerzo abrió un canal hacia la comprensión humana y, desde ahora, esta verdad será de fácil acceso para todos”.

Cuento de la tradición jasídica.

sábado, 17 de julio de 2010

Baal Shem Tov y el médico

Cierta vez, un famoso médico oyó hablar a uno de sus pacientes sobre las curaciones del rabino místico Baal Shem Tov. Intrigado por saber si lo que se decía de él era cierto, al día siguiente llamó a su puerta.
— He oído decir que usted es un sanador —le dijo cuando el religioso lo atendió.
— Dios es el que cura, amigo mío. Tome asiento.

Pero el doctor no se movió. En cambio, dijo:
— Le propongo que nos examinemos uno al otro. El que diagnostique más acertadamente será el mejor médico.

Baal Shem Tov asintió sonriendo y permitió que el doctor lo examinara. Luego de una hora, el galeno le dijo:
— Usted no tiene ninguna enfermedad que yo pueda encontrar.
— No me sorprende que no pueda encontrarla. Mi mal es el anhelo constante de Dios.

Luego, el rabino tomó las manos del médico y lo miró atentamente a los ojos.
— ¿Alguna vez ha perdido algo muy valioso? —preguntó.
— Una vez tuve una joya muy valiosa pero me la robaron.
— ¡Ah, ésa es su enfermedad.
— ¿Cuál? ¿Haberla perdido?
— No. Mi enfermedad es el anhelo de Dios. La suya es haber olvidado que alguna vez tuvo ese anhelo.

Los ojos del médico se llenaron de lágrimas.
— Por favor —suplicó—, ayúdeme a recuperarlo.
— Con la ayuda de Dios, su curación ya ha comenzado.

Cuento de la tradición jasídica.

sábado, 3 de julio de 2010

Unión de letras

Una vez, el Baal Shem Tov les pidió a sus discípulos que se dirigieran a las afueras de la ciudad, pues allí encontrarían a una de las personas más sabias y justas de su tiempo.

Cuando llegaron al lugar, vieron a un judío que, sentado en el campo, cantaba y recitaba las letras del alfabeto. Cada vez que finalizaba, decía: “Oh, Dios, tú creaste el alfabeto y combinas todas sus letras. Yo no sé cómo alabarte ni cómo rezarte. Combina tú las letras y considera que ésa es mi alabanza pues, sin duda, tú sabrás hacerlo mejor que yo”.

Cuento de la tradición jasídica.

jueves, 1 de julio de 2010

Pidiendo ayuda a los ricos

Cuando Yitzjak Spektor, rabino de Kovna, tenía que dirigirse a alguna de las personas ricas de la ciudad para pedirle una ayuda para los pobres, él mismo visitaba a esa persona en su casa.

Cierta vez, un acaudalado comerciante a quien visitó le dijo:
— ¿Por qué se esfuerza en venir hasta mi casa? Yo con gusto iría a la suya si usted me invitara

Entonces, rabí Yitzjak repuso:
— Vine aquí a pedirle ayuda para un alumno pobre, y deseo que me la brinde de una manera completa. Si lo invitara a mi casa, usted seguramente pensaría que, con el hecho de haberse tomado la molestia, ya me ha hecho la mitad del favor, lo cual provocaría que también su ayuda se viera reducida a la mitad...

Cuento de la tradición jasídica.

viernes, 25 de junio de 2010

Amarás a tu prójimo…

En cierta oportunidad, un rabino decidió guardar el dinero que llevaba consigo dentro de uno de los libros de la Torá que estaba estudiando. Colocó el billete en el lugar donde aparece el mandamiento: “No robarás”.

Al cabo de unos días, fue a buscar su dinero a dicho libro, pero se dio cuenta de que ya no se encontraba en el lugar donde lo había dejado. Lo buscó con mayor detenimiento y encontró un billete del doble de valor que el original. Estaba colocado en la página que decía:”Amarás a tu prójimo como a ti mismo”...

Cuento de la tradición jasídica.