viernes, 13 de febrero de 2009

El gusanito

Un pequeño gusanito caminaba cierto día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes.
— ¿Hacia dónde te diriges? — le preguntó.

Sin dejar de caminar, el gusanito contestó:
— Tuve un sueño anoche: soñé que, desde la cumbre de la gran montaña, yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su amigo se alejaba:
— ¡Debes estar loco!, ¿cómo podrás llegar hasta ese lugar?, ¡Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco, un mar y cualquier tronco, una barrera infranqueable.

Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Su diminuto cuerpo no dejaba de moverse. De pronto, se oyó la voz de un escarabajo:
— ¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?

Sudando ya, el gusanito le dijo jadeante:
— Tuve un sueño y deseo realizarlo, subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo.

El escarabajo soltó una carcajada y luego dijo:
— Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso — Y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuaba su camino.

Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor le aconsejaron desistir a nuestro amigo.
— ¡No lo lograrás jamás! — le dijeron. Pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. “Estaré mejor”, fue lo último que dijo.

Al día siguiente, todos los animales del valle fueron a mirar por dónde iba en su andar el gusanito, pero no pudieron encontrarlo. Sólo vieron una cáscara dura, justo donde terminaban las huellas de su andar. Pensaron que el gusanito había muerto y que aquella cáscara era su tumba.

Aquel sitio se convirtió en un lugar de visita y llevaban a los más jóvenes para decirles que ahí yacía el animal más loco del pueblo y que aquél era un monumento a la insensatez. Allí quedaba un duro refugio, digno de alguien que murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Una mañana en que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto, quedaron atónitos: aquella cáscara dura comenzó a resquebrajarse y, con asombro, vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: ¡una mariposa!

No hubo nada que decir, todos sabían lo que pasaría. Se iría volando hasta la gran montaña y realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido.

Cuento de origen desconocido

5 comentarios:

Annie dijo...

Generalmente cuando escuchamos la opinión de otros, olvidamos que ellos también son seres con limitaciones...

Es cierto,los sueños son posibles según la medida de la fe que tengamos en nosotros mismos.

Un placer leer tus cuentos

Graciela Pérez Aguilar dijo...

Otra cosa que me llama la atención de este cuento es que muchas veces es necesario cambiar para lograr ser quienes somos. Gracias por tus comentarios, Annie.

Sil dijo...

Cambiar para lograr nuestros sueños !!! Mi más deseada quimera.
No he tenido el valor aún de cambiar, y sigo arrastrándome como un pobre gusanito.

Preciosos cuento y moraleja.-

Un saludo.

Sil dijo...

He invertido un gran tiempo recorriendo este blog, me ha encantado y me duele tanto el cuello que debo renunciar. Me declaro formalmente tu seguidora.
Volveré porque este portal peca de original y BRILLA CON LUZ PROPIA.
Te felicito.

Un gran saludo.

Graciela Pérez Aguilar dijo...

Sil, gracias por leer con tanta atención los cuentos. Espero que te sirvan como combustible para tu poesía. Y que se te pase el dolor del cuello...
Cariños.