martes 24 de noviembre de 2009

La historia del arte

Un buen día la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor empezó a trabajarlo, subió a una escalera, a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer.

Entonces los niños partieron de vacaciones, rumbo a las montañas o el mar. Cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado. Y uno de los niños, con ojos muy abiertos, le preguntó:
— Pero... ¿cómo sabías que adentro de aquella piedra había un caballo?

Cuento de Eduardo Galeano.

lunes 23 de noviembre de 2009

El uso de las parábolas

— Hui Zi está siempre usando parábolas —se quejó alguien al príncipe de Liang—. Si Su Majestad le prohíbe hablar en parábolas, no sabrá explicarse con claridad.

El príncipe asintió y, al día siguiente, le dijo a Hui Zi:
— Desde ahora, haga el favor de hablar de manera directa, y no en parábolas.
— Supongamos que hay un hombre que no sabe lo que es la catapulta — replicó Hui Zi—. Si pregunta cómo es y Su Alteza le dice que una catapulta es como una catapulta, ¿comprenderá él lo que Su Alteza quiere decir?
— ¡Claro que no! —respondió el príncipe.
— Pero supongamos que Su Alteza le dice que una catapulta es como un arco y que su cuerda está hecha de bambú, ¿no lo comprenderá mejor?
— Sí, será mucho más claro —admitió el príncipe.
— Comparamos algo que un hombre ignora con algo que conoce para ayudarlo a comprender —dijo Hui Zi—. Si no me permite usar parábolas, ¿cómo puedo aclararle las cosas a Su Alteza?

El príncipe convino en que Hui Zi tenía razón.

Cuento tomado de “El jardín de las anécdotas”, de .Shuo Yuan.

domingo 22 de noviembre de 2009

Las hormigas y la pluma

Una hormiga caminaba cierto día por una hoja de papel cuando vio, de pronto, una pluma que escribía negros y finos trazos.
— ¡Qué maravilla! —exclamó—. ¡Qué objeto tan notable y con vida propia! Hace garabatos que parecen hormigas. Y no una, sino millones que actúan juntas.

Más tarde, esta hormiga le relató su encuentro a otra y luego agregó:
— He llegado a la conclusión de que este objeto no realiza solo su trabajo. Está unido a otros objetos que lo gobiernan. Vayamos a investigar un poco más.

De este modo, las hormigas descubrieron que la pluma estaba unida a unos dedos. Y éstos a un brazo. Y el brazo, a un cuerpo.

Luego de muchas investigaciones, llegaron a conocer bastante bien la mecánica de la escritura. Pero su método nunca les permitió descifrar cuál era su sentido e intención. Porque las hormigas no sabían leer ni escribir.

Cuento de la tradición sufí.

sábado 21 de noviembre de 2009

El destino

— ¿Qué es el destino? —le preguntó a Nasrudín un erudito.
— Una sucesión interminable de eventos interrelacionados, cada uno influyendo en los demás —respondió el mullah.
— Esa respuesta no me satisface. Yo creo en la causa y el efecto.
— Muy bien —replicó Nasrudín—. Observa eso.

El mullah le señaló una procesión que acompañaba a un reo por la calle y prosiguió:
— A ese hombre lo van a ahorcar. ¿Lo van a ahorcar porque alguien le dio una moneda de plata que le permitió comprar el cuchillo con el cual cometió el crimen, o porque alguien lo vio cometer el crimen, o porque nadie se lo impidió?

Cuento de la tradición sufí.

viernes 20 de noviembre de 2009

El secreto de la longevidad

Un anciano beduino llegó a cumplir ciento cuatro años. El diario más importante del país envió un periodista a entrevistarlo.
— ¿Como hizo usted para llegar a esa edad tan avanzada? —preguntó el periodista.
—Estoy convencido —contestó el beduino— de que mi larga vida se debe a que nunca discuto con nadie.
— ¡Vamos! —contestó incrédulo el periodista—. ¡No va a tratar de hacerme creer eso!
— Entonces debo estar equivocado —dijo el anciano—. Debe ser por alguna otra razón.


Cuento de origen desconocido.

jueves 19 de noviembre de 2009

Si me amas, hazlo abiertamente

Veinte monjes y una monja llamada Eshun practicaban la meditación con un maestro zen

Eshun era muy bonita, a pesar de su cabeza rapada y su túnica sencilla, y varios monjes estaban enamorados de ella. Uno de ellos le envió una carta de amor que no recibió respuesta.

Al día siguiente, el maestro habló ante el grupo. Al finalizar la charla, Eshun se levantó y, dirigiéndose a quien le había escrito, dijo:
— Si realmente me amas tanto, levántate y abrázame ahora.

Cuento de la tradición budista zen.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Una pequeña fábula

— Ay —dijo el ratón—, el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer.
— Solamente tienes que cambiar tu dirección —dijo el gato, y se lo comió.

Cuento de Franz Kafka.