lunes, 12 de enero de 2009

El caracol

Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto, uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando lo detuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal. "Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación." Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.

"¡Inconsciente!", exclamó furioso el otro monje, “Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos”.

Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que pasaba por allí. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: "Vamos a contarle este caso al Maestro, él será lo bastante sabio para decidir quién de nosotros dos tiene la razón."

Se dirigieron entonces al Maestro, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El Maestro lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: "Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien". El segundo monje dio un brinco. "¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El Maestro escuchó, movió la cabeza y dijo "Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón".

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó: "¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?". El Maestro miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: "Es verdad. También tú tienes razón".

Cuento de la tradición taoísta

1 comentario:

Sil dijo...

Concluyo que los tres tenían razón, porque no hay verdades absolutas, y el fundamento de todos era correcto.
Cuánto nos cuesta entender eso !!!!
Yo creo siempre tener la razón !!!
mmmmm... mal por mí.

Un saludo.
Igual, yo no hubiera matado al caracol.
Pero, ojo, yo no tengo huerto. JA!