Un hombre carente del sentido del olfato se durmió en medio de una plantación de cebollas vistiendo una espléndida túnica. Cuando despertó, las personas huían de él en todas direcciones.
—¡Qué triste y solitario es el destino de un esteta! —se lamentó—. Por falta de sensibilidad visual todas las gentes se quedan sin gozar el espectáculo de mi vestidura.
Cuento de la tradición sufí.
martes, 31 de mayo de 2011
lunes, 30 de mayo de 2011
La apuesta del viejo guerrero
El señor Naoshige le dijo un día a Shoun, uno de sus más antiguos samuráis:
—La fuerza y el vigor del joven Katsuchige son admirables para su edad. Cuando lucha con sus compañeros, vence incluso a los mayores que él.
—A pesar de que ya no soy joven estoy dispuesto a apostar que no conseguirá vencerme —afirmó el anciano Shoun.
Para Naoshige fue un placer organizar el encuentro que tuvo lugar esa
misma noche en el patio del castillo, en medio de un gran número de
samuráis. Estos estaban impacientes por ver lo que le iba a suceder al
viejo Shoun.
Desde el comienzo, el joven y poderoso Katsushige se precipitó sobre su frágil adversario. Shoun estuvo a punto de caer varias veces. Sin embargo, ante la sorpresa general, cada vez se restableció en el último momento. El joven, exasperado, intentó derribarlo poniendo toda su fuerza en el empeño, pero Shoun aprovechó hábilmente su movimiento y fue él quien lo desequilibró, arrojándolo al suelo.
Después de ayudar a su adversario, todavía atontado, a levantarse, Shoun se acercó al señor Naoshige y le dijo:
—Sentirse orgulloso de su fuerza cuando aún no se domina la fogosidad es como vanagloriarse públicamente de los propios defectos.
Cuento de la tradición budista.
—La fuerza y el vigor del joven Katsuchige son admirables para su edad. Cuando lucha con sus compañeros, vence incluso a los mayores que él.
—A pesar de que ya no soy joven estoy dispuesto a apostar que no conseguirá vencerme —afirmó el anciano Shoun.
Para Naoshige fue un placer organizar el encuentro que tuvo lugar esa
misma noche en el patio del castillo, en medio de un gran número de
samuráis. Estos estaban impacientes por ver lo que le iba a suceder al
viejo Shoun.
Desde el comienzo, el joven y poderoso Katsushige se precipitó sobre su frágil adversario. Shoun estuvo a punto de caer varias veces. Sin embargo, ante la sorpresa general, cada vez se restableció en el último momento. El joven, exasperado, intentó derribarlo poniendo toda su fuerza en el empeño, pero Shoun aprovechó hábilmente su movimiento y fue él quien lo desequilibró, arrojándolo al suelo.
Después de ayudar a su adversario, todavía atontado, a levantarse, Shoun se acercó al señor Naoshige y le dijo:
—Sentirse orgulloso de su fuerza cuando aún no se domina la fogosidad es como vanagloriarse públicamente de los propios defectos.
Cuento de la tradición budista.
domingo, 29 de mayo de 2011
Ventana sobre la memoria 1
A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.
Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.
Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla.
Cuento de Eduardo Galeano.
Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.
Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla.
Cuento de Eduardo Galeano.
sábado, 28 de mayo de 2011
La voluntad de Alá
—Hágase la voluntad de Alá —dijo un hombre piadoso acerca de un tema insubstancial.
—Siempre se hace —afirmó el mullah Nasrudín muy serio.
—¿Cómo puedes demostrarlo, mullah? —le preguntó uno de los presentes.
—Es bastante fácil. Si no estuviera haciéndose siempre, seguro que en algún momento se haría mi voluntad, ¿no es cierto?.
Cuento de la tradición sufí.
—Siempre se hace —afirmó el mullah Nasrudín muy serio.
—¿Cómo puedes demostrarlo, mullah? —le preguntó uno de los presentes.
—Es bastante fácil. Si no estuviera haciéndose siempre, seguro que en algún momento se haría mi voluntad, ¿no es cierto?.
Cuento de la tradición sufí.
viernes, 27 de mayo de 2011
Fábula
Un pastor se encuentra con un lobo.
—¡Qué hermosa dentadura tiene usted, señor lobo!— le dice.
—¡Oh!— responde el lobo —. Mi dentadura no vale gran cosa, pues es una dentadura postiza.
—Confesión por confesión, entonces— dice el pastor—; si su dentadura es postiza, yo puedo confesarle que no soy pastor: soy oveja.
Cuento de Braulio Arenas.
—¡Qué hermosa dentadura tiene usted, señor lobo!— le dice.
—¡Oh!— responde el lobo —. Mi dentadura no vale gran cosa, pues es una dentadura postiza.
—Confesión por confesión, entonces— dice el pastor—; si su dentadura es postiza, yo puedo confesarle que no soy pastor: soy oveja.
Cuento de Braulio Arenas.
jueves, 26 de mayo de 2011
La enseñanza de la acción impecable
Unos hombres estaban de visita en casa de un maestro. Uno le dijo al otro:
—¿Has venido como yo a escuchar sus enseñanzas?
—No —contestó el otro—. Para mí es suficiente ver cómo se ata las sandalias.
Cuento tomado del libro “Los 120 mejores cuentos de las tradiciones espirituales de Oriente”, de Ramiro A. Calle.
—¿Has venido como yo a escuchar sus enseñanzas?
—No —contestó el otro—. Para mí es suficiente ver cómo se ata las sandalias.
Cuento tomado del libro “Los 120 mejores cuentos de las tradiciones espirituales de Oriente”, de Ramiro A. Calle.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Ayuda
Un campesino chino llamado Chung Fu llevaba una vida sencilla y se mantenía vendiendo verduras en el mercado. Pero, a medida que envejecía, sintió la necesidad del despertar espiritual y recurrió a un maestro que procedía de su misma aldea.
Cuando fue a verlo a la cueva en que vivía austeramente, le expuso el objeto de su visita y le pidió ayuda en la búsqueda que deseaba emprender.
—Ayúdame a saber quién soy —le dijo— y qué se supone que debo hacer en la vida.
El maestro, que lo conocía perfectamente y conocía también el camino de la liberación lo miró con fijeza, guardó silencio un rato y pronunció al final las palabras del consejo:
—Tú eres Chung Fu y se supone que debes vender verduras en el mercado.
Cuento de Carlos G. Vallés.
Cuando fue a verlo a la cueva en que vivía austeramente, le expuso el objeto de su visita y le pidió ayuda en la búsqueda que deseaba emprender.
—Ayúdame a saber quién soy —le dijo— y qué se supone que debo hacer en la vida.
El maestro, que lo conocía perfectamente y conocía también el camino de la liberación lo miró con fijeza, guardó silencio un rato y pronunció al final las palabras del consejo:
—Tú eres Chung Fu y se supone que debes vender verduras en el mercado.
Cuento de Carlos G. Vallés.
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